La experiencia en general nos gustó mucho. La burbuja es muy bonita, el jacuzzi es una auténtica pasada y por la noche las vistas al cielo hacen que el sitio tenga un encanto especial. El gran inconveniente es durante el día: está justo al lado de una fábrica y no paran de pasar camiones y de cargar y descargar mercancía a escasos metros (literalmente la carretera pasa a unos 3 metros del lugar), así que el ruido es bastante intenso. Por suerte, cuando cae la noche todo cambia y se convierte en un lugar muy tranquilo. Eso sí, el precio es algo elevado para lo que realmente ofrece.

























