Hace 25 años que no soy inquilino de este camping, pero la nostalgia se remueve en mi interior y he de decir que allá por los años 90, en este camping, simplemente pasé los mejores veranos de mi vida, desde mi adolescencia hasta mi madurez. Aquellas novatadas a los nuevos, el peculiar carnaval en mitad de las vacaciones, las fiestas en la cafetería... nombres como Sandra, Rubén Darío, Alex, Mónica, Marcos, Marta, Chesco o Alberto, de los cuales he perdido la pista a la mayoría, si me estáis leyendo, Rubén se acuerda de vosotros. De largas mañanas en bicicleta, de partidas de rol, de tardes al sol y haciendo trastadas en el albergue, de noches sentados a la luz de la farola de la entrada, primeros amores y desamores, la inocencia y la madurez. Una época sencilla libre de la sobretecnología y las redes sociales y que paradójicamente conectaba de verdad a las personas. Y parafraseo el tópico "que felices éramos y no lo sabíamos", pero es que este camping, la playa de Gandarío y Sada, fueron el entorno donde viví mi "Verano Azul" particular. Ya no puedo sino recordar con enorme cariño lo que era este pequeño pero acogedor camping y lo mucho que significó en mi vida. Siempre camping Lola.