Mònica Sánchez Gutiérrez
Hace 10 meses
★
El camping en sí está bien, el servicio es majo y los sábados hacen pizzas caseras muy ricas. Es un buen sitio para desconectar en la naturaleza.
Ahora bien, respecto al glamping la experiencia no ha sido tan satisfactoria. Para empezar, las instalaciones están bastante viejas, especialmente los lavabos reservados para glamping, que no concuerdan con el precio elevado que se paga por noche. Además, la publicidad es un tanto engañosa: anuncian un glamping 100% equipado y no es así. No hay ni un simple punto de luz, ni dentro ni fuera de la tienda. La nevera tampoco está en la tienda, como se da a entender en la descripción de la web, sino en una tienda común compartida por varias personas. Esto resulta muy incómodo, ya que cada vez que necesitas algo no lo tienes a mano.
Los baños tampoco son muy accesibles, lo cual en mi caso fue un problema al estar embarazada. Además, la tienda que nos asignaron estaba todo el día al sol, imposible estar dentro o fuera en las horas centrales. Lo comenté y, en lugar de buscar soluciones, el dueño (Ricard) respondió de manera vacilona diciendo que la parcela está sombreada un 60/70% del día, cuando en realidad eso solo ocurre en las horas en que ya no hay sol, lo cual no tiene sentido.
Lo peor de todo fue el trato por parte de dicho responsable. En vez de disculparse o intentar ayudar, hizo comentarios fuera de lugar como que “tomara el sol, que el bebé lo agradecería”. También llegó a bromear con que no había ningún complot contra nuestra tienda cuando simplemente estaba señalando que no la habían revisado antes de nuestra llegada.
En definitiva: el entorno es bonito y el camping en general está bien, pero el glamping es caro para lo que ofrece (llevamos muchos años yendo a campings y glampings) y el trato por parte del responsable deja mucho que desear. Como dice el refrán: cada uno recoge lo que siembra.