Le voy a poner dos estrellas pero lamentándolo mucho. Empezaré por lo bueno: el camping es hermoso, la zona es preciosa y si te gusta el senderismo o hacer rutas en bici es todo muy bonito. Además el hombre de la recepción es muy amable y el camping tiene diferentes servicios para fomentar la desconexión y el relax. Las parcelas son grandes y está muy bien de precio. La única pega a esta parte del servicio es que llame el día antes para preguntar si las barbacoas estaban habilitadas y me dijeron que no pero cuando llegamos al camping hubo un grupo que hizo barbacoa (un grupo de unas 8 personas) que habían llevado todos los elementos y a quienes se les dijo que sí. Fue una decepción. Ahora bien la baja puntuación se debe al bar. Es increíble que estén hasta las tantas dando alaridos (se supone que el bar cierra 23.30). Vienen parroquianos y amigos que se pusieron a cantar y a gritar haciendo imposible dormir a todos los que estábamos en la zona de camping. Se supone que hay un número para llamar al encargado pero el que estaba tocando la guitarra era precisamente el encargado. Fue muy incómodo y al día siguiente por comentarios de gente del pueblo que se había acercado al bar nos enteramos de que era bastante común y que suerte si una tal “Menchu” (la misma que había estado cantando la noche anterior) no se había puesto agresiva por la borrachera. La dinámica del bar rompe bastante el ambiente del camping y si bien la gestión no es la misma que la del camping hace que la experiencia sea mala.